A pesar de los destacables acercamientos que se han dedicado al artista vasco Nicolás de Lekuona desde finales de los setenta, el catedrático de Estética y comisario Luis Puelles no conseguía evitar una imagen que le viene acompañando desde hace unos años. Consiste en verse como un arqueólogo, como si su tarea consistiese en saltar sobre el tiempo para excavar allí donde pudiera hallarse cuanto de Lekuona hubiera podido olvidarse o, quizá, desatenderse. Para abrir una zanja que nos abocara a unos años precisos: desde 1932 al primer semestre de 1937.

 

Es en ellos cuando Nicolás de Lekuona produjo, entre sus diecinueve y sus veinticuatro años, edad en que murió, un conjunto de obras cuyo rasgo más determinante es el de ser iniciales e iniciáticas. Esta propiedad mayor, la de ser obras en ciernes (en este caso, por ser obras de una vida también ella incipiente), otorga al «mundo en construcción» de su autor una singularidad primordial y radical. O, en todo caso, la que más habrá de considerarse en el intento de comprensión del legado de este artista de vida trágicamente breve que se ha propuesto Puelles. «El arte es la promesa de felicidad que se rompe.» Resulta difícil no evocar estas palabras de Adorno.

  • Fechas: Desde el 30 de mayo al 15 de septiembre de 2024
  • Lugar: Centro José Guerrero
  • Organiza: Centro José Guerrero. Diputación de Granada
  • Comisariado: Luis Puelles