Esta exposición está planteada buscando un diálogo múltiple con la obra de José Guerrero, con lo que percibimos hoy de su herencia artística y con el proyecto y el espacio del Centro que lleva su nombre. He buscado puntos de contacto y de acercamiento entre nuestras obras y modos de creación, fruto de procesos ininterrumpidos y que nunca terminan, en continuo movimiento. La vitalidad e inventiva de las formas plásticas de Guerrero ha constituido un punto de partida para plantear visualmente una reflexión general acerca de los significados actuales de la noción de abstracción y de sus complejas relaciones con la imagen, con las imágenes. Relación intrincada e inseparable de la economía, que dicta sus condiciones de visibilidad, regula su circulación y establece las posibilidades de su recepción.

Otra vía de acercamiento ha sido cuestionar la importancia y la potencia de la proyección del proyecto moderno en un futuro progresista caracterizado por un ideal democrático de igualdad y justicia, asociado a una mejora continua de nuestras condiciones de vida en general. En dicha utopía, la abstracción representó un papel histórico como ejemplo de libertad, de valores y de novedad en las formas al uso en las democracias liberales. Hoy nos preguntamos cómo recibir y reinterpretar esa abstracción y qué puede encarnar ahora, cuando la confianza en ese futuro lineal de progreso ha desaparecido casi por completo. El cambio climático irreversible y sus dramáticas consecuencias, el hundimiento generalizado de la biodiversidad y el agotamiento de los recursos la han convertido en inquietud profunda, y nuestro futuro, inmediato y a medio plazo, se nos aparece como sombrío, inestable, incierto y saturado de amenazas.

La arquitectura del Centro José Guerrero y la precisión y generosidad del proyecto arquitectónico de Antonio Jiménez Torrecillas me han ayudado a encontrar una articulación espacial para este diálogo. La lógica de ascenso del recorrido por las cuatro salas permite estructurarlo con la primera y la última planta como dos momentos particulares de la exposición.

Así, en la planta baja se encuentra el Autorretrato de Guerrero, su último cuadro figurativo según él mismo, enfrente de uno de mis Autorretratos, metáforas de una presencia corporal. Esta serie consiste en tubos de metacrilato transparentes en los que se han vertido capas de pintura sucesivas y cuyas dimensiones corresponden a medidas de mi cuerpo (en este caso, la extensión del cuerpo entero en puntillas).

 

 

Foto: Carlos Choín

 

Otras dos series se acercan a la abstracción desde posiciones distintas: la primera, titulada Cooperaciones, pone en relación gestos, acciones y materiales asociados con nuestra experiencia y la estética del bricolage. Lo «bien» y lo «mal» hecho cuestionan veladamente nuestras categorías del gusto y de la subjetividad, auténticos valores democráticamente compartidos. Lo que coopera son las distintas partes y elementos: los que componen el cuadro, los materiales que lo constituyen, la lógica interna del ensamblaje, los distintos gestos pictóricos que se inscriben en el conjunto. Pero existe también cooperación entre el contexto en el que se encuentran dichos elementos y la mirada del espectador, en un proceso complejo que no termina nunca porque está en continuo cambio, lo que implica un movimiento tanto físico como mental. Las piezas están expuestas con un dispositivo mural de cartones pintados con esmalte brillante. Los cartones crean secuencias y ritmos en el espacio interaccionando con las composiciones, gestos y materiales que componen las Cooperaciones.

 

Foto: Carlos Choín

La segunda serie, Teslas, emplea imágenes de automóviles accidentados de la marca Tesla junto con planos de color, gestos y materiales comunes al vocabulario de la pintura abstracta contemporánea. Perfiles de aluminio, hojas de vinilo, placas de metacrilato o Alubond forman con las imágenes impresas sobre papel vegetal de poliéster un dispositivo pictórico heterogéneo y deconstruido, que invita al movimiento del espectador. Los Tesla son símbolos perfectos de nuestra modernidad tecnófila encerrada en una productividad insostenible. Como sofisticados objetos industriales de nuestra era neoliberal, encarnan el funcionamiento del capitalismo extractivista que está literalmente destruyendo las condiciones de vida del planeta para el consumo de una parte de su población. Las imágenes provienen de internet y se han desechado aquellas ligadas a accidentes mortales. Las fotografías se han sometido a un tratamiento gráfico para distanciarse de su carácter espectacular y su dramatismo. El conjunto de obras se despliega más allá del espacio tradicional del cuadro, expandiendo el marco, el soporte o la materialidad de la imagen, en un universo desmontado, en construcción, como fragmentos de una percepción desparejada.

Miquel Mont (Barcelona, 1963) vive y trabaja en París desde 1989. Desde 2000 combina su trabajo artístico con la docencia. Ha enseñado en la ENSA Paris Cergy, en l’École des Beaux-Arts de Nantes, en ESBA TALM de Tours y en ENS Architecture de Paris Belleville. Actualmente es profesor en la Académie Royale des Beaux Arts ARBA ESA de Bruselas.

En su trabajo reflexiona sobre la percepción del lugar de exposición a través de la pintura, los límites físicos del cuadro y su progresiva expansión en el espacio. Considerar su obra como pintura es recortar sus posibilidades, dado que objeto, soporte y contenido son términos omnipresentes en una praxis que cuestiona la validez de seguir pintando en el siglo XXI. En palabras de Rosa Queralt, «para Miquel Mont la práctica de la pintura tiene sentido en el contexto de una proposición. Alrededor de ella realiza sus series de forma sucesiva o simultánea. Cada proposición establece el soporte, el tipo de objeto, las dimensiones, la manera de aplicar el pigmento, el modo de presentación y la estructura de su percepción sensible y mental. (…) Su permanente cuestionamiento de los modos pictóricos, la precisión y claridad en la definición de cada proposición, de su significado y de sus repercusiones evidencian el rigor y el compromiso ético del artista». Desde sus inicios con las pinturas emparedadas, pinturas sin imagen, sus distintas series se centran en elementos específicos de la pintura. Series recientes como los Autorretratos, los Lapsus, las Cooperaciones o los Collages exploran modos de proyectar y entender la pintura y sus relaciones con el contexto, los gestos que la realizan o la percepción del espectador, incidiendo en la concepción de la pintura como cosa mentale a la vez que física y presencial.

Entre sus exposiciones individuales recientes están las de las galerías RocioSantaCruz (Biografía#Disociada), Formato Cómodo (Deseos borrados recoloreados), Bernard Jordan (CZMM, con Christophe Cuzin), École des Beaux-Arts de Nantes (é-marger, con Philippe Caurant), La Fragua, Tabacalera, Madrid (Horizontal, con Guillermo Mora), Trinta (Mal Tiempo), Artothèque de Vitré (Traces et affects), Altxerri (Lo peor, lo peor de todo), Formato Cómodo (La economía dicta todo), o Fundació Suñol. Dentro de las colectivas en las que ha participado destacan Pintura. Renovación permanente (Museo Patio Herreriano), Panorama 2 (CentroCentro), La Ronde (Musée des Beaux-Arts de Rouen), De(s)rives, un parcours à l’Île Saint Louis (Galerie Aline Vidal, París), Non figuration, un regain d’interêt? (Abbaye St André, Centre d’Art Contemporain, Meymac), Le Mur. La collection Antoine de Galbert (La Maison Rouge, París) o A promise of change (Belfort).

Puedes acceder a una Audioguía sobre la exposición aquí

 

  • Fechas: Del 20 de febrero al 19 de mayo de 2024
  • Lugar: Centro José Guerrero
  • Organiza: Centro José Guerrero