MATÍAS COSTA. SOLO

Esta exposición retrospectiva es una doble exposición, que desplegará en el mismo espacio un juego de simultaneidades que permite una nueva comprensión de la trayectoria del autor, un modo de explicar de qué manera se busca (y busca a su familia) en cada uno de los trabajos que ha emprendido.

Por un lado, la muestra despliega las series que el fotógrafo considera configuradoras de su trabajo, en una exposición de carácter más convencional. En primer lugar, su producción en blanco y negro que señala los inicios en el ámbito del fotoperiodismo (El país de los niños perdidosHijos del vertedero y Extraños), trabajos que, surgidos de sendos encargos, acaban configurando una elección personal en torno a motivos como el desarraigo, la frontera y la orfandad. Temas que se reactivan en sus series en color inmediatamente posteriores de manera más poética y menos apegada a lo documental, tales como Cuando todos seamos ricos, acerca del aislamiento humano y el extrañamiento territorial de la China postcomunista; Cargo, donde esa idea de orfandad se extiende al grupo de marinos rusos varados durante décadas en un puerto de Canarias desde la disolución de la Unión Soviética; o Zonians, en la que las dinámicas sociales actuales y ruinas del pasado de la comunidad pseudoutópica de colonos estadounidenses expatriados en el Canal de Panamá muestra un complejo retruécano en el que paisaje comunicativo, los restos materiales del discurso y el presente nostálgico se entrelazan. Todos los protagonistas de estas series son, en buena medida, hijos de un naufragio.

Es a ese naufragio y al intento de reconstrucción de un itinerario familiar marcado por los desastres del siglo XX al que remite la segunda exposición que se enmaraña con la primera a modo de palimpsesto. Esta segunda capa de lectura la forman dos trabajos en progreso desde décadas, The Family Project Cuaderno de campo, convertidos en el hilo-madeja que se va colando entre las distintas secciones de la exposición a modo de intrusos que tratan de dibujar un árbol genealógico que es también álbum de recuerdos; un árbol que en sala interconecta documentos encontrados, fotografías familiares y cuadernos de trabajo, viaje y notas. Ahí es donde la obra de Matías Costa trata de reconstruir una familia deshecha, una comunidad disgregada y una psique individual que se ordena a través de centenares de cuadernos, para reconstruir un discurso borrado a partir de sus fragmentos, o completar un raro libro de familia que es también diario íntimo, sobrescrito a lo largo de las últimas décadas del XX y primeras del XXI. Ambas series, que actúan como raíz que creciera hacia arriba, como una planta invasora, acaban tomando la exposición por completo en las dos últimas secciones, para permitir una lectura de la obra de Matías Costa desde lo social a lo individual y, a la vez, sugerir el carácter indisociable de ambos elementos.

Este concepto general de la doble exposición invita a una interpretación nueva del trabajo de Matías Costa, como una entidad compleja y estratificada (como la psique humana), un espejo en el que se proyectan las preocupaciones de carácter más biográfico. Se intuye así un intento de reconstrucción del yo, de autoconocimiento a través de un periplo que indaga en el pasado familiar, donde el fotógrafo se convierte en coleccionista de retazos de sí mismo entre los intersticios de otras comunidades surgidas de proyectos fallidos, de lugares en los que la idea de hermandad y fraternidad quedó rota o resignificada tal y como sugiere el verso de Pier Paolo Pasolini: “Doy vueltas y vueltas buscando hermanos que ya no están”.

  • Fechas: Del 11 de marzo al 6 de junio de 2021
  • Lugar: Centro José Guerrero
  • Organiza: Centro José Guerrero. Diputación de Granada - Sala Canal Isabel II
  • Comisariado: Carlos Martín