Matías Costa. Solo

Nota de prensa de la exposición
Matías Costa. Solo

Jueves 11 de marzo de 2021 a las 11 h
CENTRO JOSÉ GUERRERO

Matías Costa. Serie Cuaderno de campo

Fechas
11 de marzo – 6 de junio de 2021

Asistentes
– Fátima Gómez Abad, diputada de Cultura y Memoria Histórica y Democrática
– Francisco Baena, director del Centro José Guerrero
– Carlos Martín, comisario de la exposición
– Matías Costa, artista

Organiza
Consejería de Cultura y Turismo. Comunidad de Madrid
Centro José Guerrero. Diputación de Granada

Comisario
Carlos Martín

Matías Costa. SOLO

«A consecuencia de un hecho actual, otro anterior cobra importancia. Poner en conexión hechos separados en el tiempo. Hacer esos saltos temporales». Esta declaración, recogida en uno de sus cuadernos de campo, condensa la doble intención de Matías Costa en su trabajo y en esta exposición.

Costa se ha aproximado a comunidades que han sido proyectadas, como la esquirla de un proyectil, como la ganga escupida por la boca de la mina, lejos de los grandes proyectos en cuyo seno nacieron. ¿Busca Matías Costa identificarse con esos colectivos a los que visita en diversas campañas, sea por encargo, sea por interés personal? Su intención, declarada o inconsciente, es la de practicar la inadecuación como herramienta íntima y política. Por ello, trata de adivinar lo que esos seres humanos y lugares ajenos tienen de espejo. A lo largo de ese proceso, una paradójica pulsión de archivo y de destrucción le lleva a escribir en sus cuadernos, pegar, despegar, pintar, tachar para buscar aquello que reverbera, desde fenómenos aparentemente ajenos, en su propia vivencia del mundo. Así, Costa no es un artista del objeto, del medio, del material ni del concepto; es un artista del proceso. Y su vida un transcurso marcado por todos los títulos de la otredad (exiliado, refugiado, migrante, solo, huérfano de una u otra manera) que lo convierten en el habitante, más que de un lugar, de un tránsito. El de quien lleva consigo la deriva nómada de las generaciones que le preceden.

Esta exposición presenta así dos historias que se despliegan en paralelo. La que recorre el trabajo de Matías Costa a través de sus series fotográficas fijadas, desde el fotoperiodismo inicial a un trabajo más introspectivo; y la que, como un virus invasivo, señala un proceso de autoconocimiento, autorreflexión y autoficción destilado de la búsqueda de unas raíces líquidas y evanescentes. Estas se dibujan y desdibujan en la serie que funciona como núcleo y también como incómodo ocupante de la exposición, Cuaderno de campo, un trabajo de más de una década y aún en proceso. A modo de intrusos, estos restos del discurso extraídos de centenares de cuadernos se insertan en la sala, desafían cronologías, lugares y lógicas narrativas para desvelar la génesis y evolución de cada proyecto, la de una misma familia, la de la escritura como indagación y la de la fotografía como salida y curación. Brindan un contexto para lo que no se ve en la imagen, aportan un juego de simultaneidades y reflejos y sugieren de qué modo cada fotografía de Matías Costa nace solo de una proyección de anhelos, recuerdos y fantasías germinadas en un aislamiento fértil, en una cósmica soledad. Un proceso necesariamente individual, quintaesenciado en el verso de Pasolini: «Voy vagando de un lado a otro buscando hermanos que ya no están»

Series iniciales, 1998-2005

En esta primera sección se reúnen tres trabajos surgidos del marco de la primera actividad de Matías Costa en el ámbito de la fotografía documental. Costa decidió profundizar en algunos de los encargos que recibía como fotoperiodista; de manera significativa, en aquellos que tienen como motivo central el desarraigo y la orfandad, aspectos en los que resonaban ecos de su propia biografía. El país de los niños perdidos se centra en los huérfanos del genocidio cometido por el Gobierno ruandés contra su propio pueblo: centenares de menores marcados por el trauma pueblan unas imágenes que acentúan el interés de Costa por ese mundo sin padres que marca el ciclo histórico del fin de la Guerra Fría y recuerdan uno de los efectos más devastadores del escenario poscolonial. Esta comunidad a la deriva es paralela a la que se agita en Hijos del vertedero, serie protagonizada por la comunidad roma que, tras ser desalojada del lugar donde vivían con motivo de la especulación inmobiliaria que asoló España a partir de la década de 1990, pasó a habitar las colinas de basura compactada del mayor vertedero de Madrid, en Valdemingómez. Por último, Extraños es un proyecto de envergadura sobre los movimientos migratorios sur-norte, así como la dudosa gestión por parte de las instituciones europeas del que se convertirá en el gran cementerio de seres humanos provenientes de países meridionales. Las puertas de Europa se convierten en la mirada de Costa en el trágico umbral de un rito de tránsito ante el que se generan tanto las imágenes de lo inmediato, de la muerte literal y el sufrimiento en su terrible carnalidad, como escenas de una extraña poética intemporal: la de toda comunidad escindida por la experiencia de la migración forzada en cualquier momento de la historia.

Cuando todos seamos ricos, 2006

El arranque del trabajo en color de Matías Costa coincide con la mirada hacia el lugar que acaso representa de manera más palmaria el contradictorio mundo de las posideologías: la China que, tras las históricas reformas llevadas a cabo por Deng Xiaoping, despierta de manera desigual, apresurada y paradójica hacia un nuevo «gran salto adelante» marcado por la alienación, el ensueño del dinero y la promesa del consumo desenfrenado como forma radical y extraña de combinación del estado del bienestar con el socialismo real. En Cuando todos seamos ricos resuena la aseveración «enriquecerse es glorioso», pronunciada por Deng durante el célebre «viaje al sur», espaldarazo definitivo de una reformas económicas que suponían el ingreso del capital internacional en el territorio chino. Matías Costa se fija precisamente en los intersticios de esa supuesta gloria por el dinero, de esa promesa proverbial y bíblica de bonanza, acumulación y ostentación, las fisuras por donde asoman, en un Pekín diurno y frío o nocturno y secreto, las figuras del desencanto.

 

Cargo, 2008-2017

Cargo tiene que ver con la mirada extrañada a las piezas que no encajan, el movimiento torpe de un engranaje tan engastado en su propia historia y su óxido autogenerado que ha pasado a ser disfuncional. Costa se ocupa de la concentración de antiguos barcos soviéticos varados en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria, que, con la disolución de la URSS en 1991, quedaron sumidos, junto a sus tripulaciones, en un limbo legal del que no han emergido décadas después. En Cargo emerge una nueva visión poética en la que los materiales desgastados, el mar y los rostros ajados y cuerpos de los tripulantes cobran un nuevo sentido de materialidad, de presencia, como si quisieran reivindicar que si bien no en el documento, en la proverbial burocracia soviética, siguen existiendo todavía, al menos en cuanto cuerpos literales que se alimentan, se relacionan, se muestran, desafiantes o derrotados. Un proyecto reciente de la Autoridad Portuaria de las Palmas prevé que esos barcos se conviertan en pecios programados para fungir de arrecifes artificiales, para germinar. Dejarán así de ser el miembro fantasma del espectro de un Imperio.

Zonians, 2011-2013

Como metáfora del desarraigo y de la marca del transcurso de la historia reciente sobre el territorio, Zonians se detiene ante un fenómeno poscolonial escasamente conocido: el de la comunidad de estadounidenses expatriados a Panamá para administrar el legendario canal que une dos océanos durante los cien años que duró la administración de la zona por parte de Estados Unidos. Ausentes ya los Zonians (nombre por el que se conoce a los integrantes de esa colonia), queda en el país la impronta de aquella experiencia en abandonadas infraestructuras, congelados en un instante como la imagen perdurable de la ruina de un proyecto faraónico o de una deflagración inesperada. En Zonians se cruzan antiépica y distopía, las nostalgias del expatriado, sus reivindicaciones desoídas y su celebración del paraíso perdido. Todo ello se conmemora en los encuentros que estos Zonians organizan anualmente en Florida, donde parecen asomarse a aquel Eldorado que marcó varias generaciones de familias con un sentido laxo, líquido, inestable de ciudadanía y pertenencia. Con ello Matías Costa marca dos tiempos señalados respectivamente uno por la ruina y el otro por la nostalgia y el simulacro. A esos tiempos une el suyo: allí, en la zona del canal, estuvo el centro donde el Departamento de Estado de Estados Unidos entrenaba a los grandes torturadores en la forja de su Imperio durante la segunda mitad del siglo XX, el laboratorio estadounidense de las dictaduras latinoamericanas. Panamá no era el único cuerpo que iba a ser abierto en canal.

The Family Project, 2008-actualidad

The Family Project es un relato intermitente cruzado por las escenas primordiales que marcan la biografía y ascendencia de Matías Costa. Es la condensación final de los procesos iniciados en sus cuadernos de campo: imágenes de lo aparentemente irrelevante, de todo aquello que, como en los sueños, se muestra aleatorio y, por esa misma naturaleza de azar objetivo, extremadamente significativo, para generar una fantasmagoría entre la ausencia y la presencia.

Los de The Family Project son los escenarios de una familia, pero bien podrían ser los de un crimen. Configuran así el libro de familia más incompleto y radical, el que dibuja la imposibilidad de retratarse por completo, la futilidad de la exploración insistente en las propias raíces y la necesidad de recurrir incluso a la ficción y la escenificación para trazar la compleja trama de relaciones de la que nace un individuo..

Estas imágenes, por su carácter sutilmente abstracto, sugestivo y ambivalente, dialogan en esta sala con una selección de ese otro inventario de regresos, pérdidas y duelos que es la obra de José Guerrero. En concreto, de pinturas surgidas de su proceso de psicoanálisis y de su retorno a España, quintaesenciados en un cuadro que cobra los tintes de una indagación obsesiva, La brecha de Víznar, del que Guerrero llegó a decir que «se murió porque lo trabajé demasiado y lo ahogué». Ese obstinado regreso a los orígenes, entre el rechazo y la fascinación, aúna la obra de dos creadores diversos pero unidos en un punto de sus vidas por la experiencia de la migración y por su consecuencia: una necesidad introspectiva que se traduce en una palpitante búsqueda plástica. Las fotografías y pinturas que pueblan esta sala parecen, con todo ello, estar marcadas por un vacío nuclear que recuerda al del poema de Lao Tsé:

Aunque treinta radios convergen en el centro de una rueda,
es su vacío central
el que hace avanzar el carro.
Se abren puertas y ventanas para construir una casa
y es el vacío
lo que permite habitarla.

Carlos Martín

Facba 2021 – Centro José Guerrero

FACBA 21. Instalación sonora
Fito Conesa. Pedernal. La zambra de los guijarros

FACBA 21. Ensayo audiovisual
Ilan Serruya. Quedará el paisaje

Jueves 11 de marzo de 2021 a las 11 h
CENTRO JOSÉ GUERRERO

Asistentes
– Fátima Gómez Abad, diputada de Cultura y Memoria Histórica y Democrática
– Francisco Baena, director del Centro José Guerrero
– Fito Conesa, artista
– Ilan Serruya, artista

 Organiza
Centro José Guerrero. Diputación de Granada
Facultad de Bellas Artes. Universidad de Granada

Fechas
Del 11 de marzo al 6 de junio de 2021

FACBA 21. Festival de Artes Contemporáneas

Un año más, el Centro José Guerrero colabora con el Festival de Artes Contemporáneas de la Facultad de Bellas Artes de Granada acogiendo dos de las propuestas que forman parte del entramado de exposiciones, seminarios y talleres que conforman este proyecto centrado en la investigación artística, junto a otras instituciones de la ciudad. En dos espacios diferentes del Centro presentamos los trabajos de Fito Conesa e Ilan Serruya.

Fito Conesa. Pedernal. La zambra de los guijarros

Esta instalación sonora que vincula la Litoteca de Granada y el Centro José Guerrero, construye un despliegue expositivo en la planta baja del Centro que funciona como un paisaje; como un jardín, una naturaleza construida a partir de guijarros del propio archivo de la Litoteca. Este ecosistema pétreo es el escenario de una intervención sonora pensada para ser escuchada desde el dispositivo móvil de cada visitante. Es decir, el paisaje de cantos se activa con una capa sonora para crear una experiencia individual de recorrido a partir del sonido, a partir más concretamente de la escucha de una obra musical, a través del canto, a través de la voz de Lourdes Gálvez del Postigo, a través de una zambra. En esta zambra la letra actúa como elemento diferenciador del resto de composiciones del mismo corte. Pedernal es en sí una reivindicación del papel de las piedras como testigos de la historia humana, un lamento y un reproche por la pasividad del humano ante la debacle climática y planetaria.

Al mismo tiempo se inaugura en la Facultad de Bellas Artes de Granada la exposición colectiva Breve historia de una piedra (la audioguía como una obra más) a partir de un taller realizado en la propia Facultad. Las obras resultantes proponen un recorrido sonoro vinculado al espacio en el que se desarrollan el taller y la exposición, una experiencia que facilita ampliar lo sinestésico, lo anecdótico y la historia colectiva no narrada.

Ilan Serruya. Quedará el paisaje

Quedará el paisaje se formula como un ensayo sobre el proceso de investigación y de creación en torno a la territorialización de la identidad. «Ni siquiera estas palabras me pertenecen. Todo lo que me pertenece son partes de un cuerpo que puedo mover». Este ensayo es una reflexión audiovisual; una reconstrucción del archivo por construir; la disposición para atender a la voz del territorio que nos piensa; y es también la manifestación de una pregunta que no pretende ser resuelta, pero se sabe a sí misma necesaria de ser formulada.

Fred Sandback. Un espacio intermedio

Exposición
Fred Sandback. Un espacio intermedio

10 de diciembre de 2020 – 28 de febrero de 2021
CENTRO JOSÉ GUERRERO

El Centro José Guerrero abre de nuevo sus puertas, tras el cierre obligado por la situación sanitaria, para presentar en Granada la obra de Fred Sandback, artista de culto de uno de los movimientos artísticos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX: el minimalismo. En el actual contexto del interés por la percepción, la virtualidad, el dibujo, los materiales blandos y vulgares del postminimalismo y el arte povera, la propuesta de Sandback fue auténticamente pionera.

Sobrepasado el medio siglo desde la irrupción del minimalismo como movimiento autoconsciente, la mayoría de sus protagonistas son bien conocidos del público español, que ha podido contemplar en nuestro territorio muchas de las obras paradigmáticas de la corriente central de esta tendencia artística y sus entornos. Sin embargo, sigue habiendo nombres fundamentales que aún se están descubriendo, como Fred Sandback, cuya obra, no obstante, forma parte de colecciones tan relevantes como la del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Ahora es una cuidada selección de su obra la que viene para despedir un año extraño, lastrado por una pandemia que nadie había previsto, que ha sido el marco en que ha transcurrido el XX aniversario del Centro José Guerrero.

Aunque antes se habían mostrado algunos de sus trabajos dentro de exposiciones colectivas, en España solo se habían presentado hasta la fecha dos exposiciones dedicadas íntegramente a Sandback (galería Cayón, Madrid y Menorca). En el catálogo publicado para acompañar a la exposición en Madrid se incluyó un texto del especialista Edward A. Vazquez, quien aventura cómo surgió la idea que ocupó al artista durante el resto de su vida:

Tal y como Fred Sandback contaba la historia, todo comenzó con una sugerencia del escultor George Sugarman: «Era 1967. Critiqué la pintura, refunfuñé sobre la narrativa, el contenido pictórico, el contenido material y el significado del contenido. George pareció espetar: “Estira una cuerda entre dos puntos y déjala ser”. Tal vez me impulsó a hacer eso exactamente». Ciertamente, la idea tenía un significado literal, pero resultó ser muy fértil para ese estudiante graduado en el programa de máster de Bellas Artes de la Escuela de Artes de Yale. De hecho, resultó tan fértil que la extensión de longitudes de hilo en y a través de espacios interiores fue el núcleo formal de la práctica artística de Sandback durante los siguientes treinta y cinco años».

El material con el que trabaja Sandback, en efecto, son los hilos acrílicos de color, con los que traza líneas rectas en el espacio, acotándolo, dibujando sobre él. En Granada conocíamos algunas obras similares, como las de Soledad Sevilla, que se inspiró para algunas de sus instalaciones en los rayos de luz filtrados por las celosías de la Alhambra; Fred Sandback tuvo oportunidad de ver esos haces de luz nazaríes cuando visitó Granada en 1982. También la escena artística granadina estaba familiarizada con ese tipo de fidelidad de un creador a un soporte expresivo. Once años antes de que a Sandback se le revelaran las posibilidades de la cuerda elástica y el hilo acrílico para sus propósitos experimentales, en 1956 a Manuel Rivera se le había revelado la tela metálica. En ambos casos, se trataba de materiales de fabricación industrial que servían para muy diversos usos, pero entre los cuales los productores no habían previsto el artístico. Eran, en definitiva, materiales de trabajo. Y parte del carisma que los cautivó en ellos (como a Tàpies la arena, a Beuys el fieltro o a Hesse el caucho, aunque estos exploraran con una gama mayor de materiales) residía en esa falta de solemnidad, en su simplicidad y funcionalidad, y en la dignidad que traían aparejada.

Sandback, antes de su experiencia Eureka, había estado muy interesado por la música y los instrumentos musicales; llegó incluso a diseñar algunos de cuerda en su juventud, en la que también fabricó arcos largos ingleses. De modo que tenía una práctica, previa al arte, del trabajo con hilos, de su tensión y de sus vibraciones en el espacio. La música, las cuerdas y el aire libre estuvieron muy presentes a todo lo largo de su vida y fueron constantes fuentes de inspiración para su obra.

También tuvo José Guerrero experiencia de trabajo manual antes de iniciar su carrera artística. No solo le gustaba trabajar con las manos, sino observar cómo lo hacían otros. En sus primeras obras encontramos escenas que lo atestiguan: personajes arando y recolectando, realizando diversas tareas en la granja, con las artes de pesca u otras faenas en barcos, lavando, tejiendo. En la Colección del Centro conservamos una de ellas: Dos hilanderas (1948). Compartían pues, Guerrero y Sandback el aprecio por las formas que nacen de la gestualidad íntima, la acción del cuerpo y el cuidado de y con la materia.

Como se cuenta en el catálogo en el que quedará documentado este montaje de su obra en el Centro, a Sandback le gustaba la idea de invitarnos a pasear por los espacios que intervenía. En esta ocasión lo hace acompañado de Guerrero, con el que sostiene un diálogo respetuoso a propósito del color y su expansión, la vibración de la luz y «la tensión que tienen los espacios», como decía José, un diálogo al que animamos a participar a todos nuestros visitantes.

Jordi Teixidor. Los límites de la pintura

Jordi Teixidor
Los límites de la pintura

18 de septiembre  – 29 de noviembre de 2020
CENTRO JOSÉ GUERRERO

Nota de prensa de la exposición «Jordi Teixidor. Los límites de la pintura» inaugurada en el Centro José Guerrero el 18 de septiembre de 2020.

Jordi Teixidor junto a Fátima Gómez y Mariano Navarro

Las salas del Centro José Guerrero inauguran la temporada con una muestra del artista Jordi Teixidor comisariada por Mariano Navarro. La muestra cuenta con algo más de medio centenar de obras del artista, entre lienzos de gran formato y obra sobre papel, procedentes de las colecciones de Banco Sabadell, Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Fundación Juan March, Fundació “La Caixa” y Fundació Suñol, y del propio artista. También se exhibirán una serie de cuadernos de trabajo en los que espectador podrá observar el proceso creativo de Teixidor. Como en otras ocasiones, el Centro mostrará algunas de las obras de José Guerrero, pero en esta ocasión, seleccionadas por el comisario, estarán distribuidas por distintos espacios además de las salas propiamente dichas, en un diálogo de semejanzas o diferencias de la trayectoria de ambos artistas.

Como en las muestras precedentes, los visitantes contarán con una audioguía digital gratuita que completará la visita a la exposición.

JORDI TEIXIDOR (Valencia, 1941) es una de las figuras mayores de la abstracción española, determinante en el proceso de cambio que la pintura experimentó en la década de los años setenta del siglo pasado. Su desarrollo personal, de extrema coherencia, ha deparado algunas de las obras más sólidas e intensas de las décadas de los años ochenta y noventa, y ha conducido, a lo largo de las dos décadas del siglo XXI, a un presente tan vivo como estéticamente vigente.

Su trayectoria profesional, superior al medio siglo de andadura, en sus orígenes lo sitúa próximo a los artistas del Grupo de Cuenca, lo que lo convierte en artista puente con los creadores que emergen en los setenta y primeros ochenta, años estos últimos en los que el pintor reside en Nueva York y toma contacto con el legado de la gran pintura norteamericana y con las vanguardias internacionales.

A la materialidad pictórica, la austera fisicidad, y su contrapunto en la suntuosidad cromática que caracterizan su obra madura, hay que añadir que su trabajo absorbe ingredientes diversificados provenientes de la poesía, de la filosofía o de la música, pero está presidido por el entendimiento de la práctica de la pintura y del sentido del arte desde una posición de responsabilidad ética y civil.

Los límites de la pintura

Esta exposición indaga en una serie de aspectos físicos, temáticos y estructurales definitorios de la idea del arte y de la pintura de Jordi Teixidor. Su título hace referencia a uno de los conceptos más queridos del pintor, el de límite, que él concibe como referencia a la idea, al análisis y a los conceptos, así como a una noción de temporalidad, y una referencia casi física a los límites mentales.

La muestra, que ocupa todas las plantas del Centro José Guerrero, se articula en un Prólogo y tres apartados: «Música y poesía», «A modo de paisaje» y, en diálogo con la obra de José Guerrero, «Negro Guerrero».

El Prólogo nos traslada a la intimidad del taller y a los primeros elementos con los que Teixidor construye sus piezas: los apuntes, bocetos, ensayos y notas técnicas que realiza en sus cuadernos de trabajo. Es una visita al lugar donde se piensa y se hace la obra. Los cuadernos, abiertos por aquellas páginas que guardan relación con algunas de las obras que integran la exposición, permiten al visitante entender mejor la lógica y coherencia de su proceso de realización.

Música y poesía

La planta primera reúne seis obras: La danza I y La danza II (2000), que son una relectura de la obra homónima de Henri Matisse; Siete maneras de mirar una mañana de domingo (2001) y Todo es presagio (2003), que se vinculan a la lectura de sendos poemas de Wallace Stevens y Antonio Gamoneda; y Salomé y Elektra (2004), que hacen referencia a títulos de óperas de Richard Strauss. Puede decirse, pues, que en él abordamos la relación de la pintura de Jordi Teixidor con las artes del pensamiento, con la filosofía, la poesía y la música.

En la sala, el contrapunto al color negro dominante en Todo es presagio, Salomé y Elektra –obras, las tres, con su propio contrapunto interior, en amarillo, tierras suaves o grises– lo ofrecen las siete piezas, también amarillas, pero de una tonalidad diferente, de Siete maneras de mirar una mañana de domingo y, sobre todo, los dos lienzos de La danza, con su rojo poderoso dominante y el baile de un amarillo que aquí es casi dorado.

A modo de paisaje

Hemos titulado A modo de paisaje un conjunto de cinco obras, en las que se incluyen las tres más tempranas de la exposición: Rosa y naranja (1976), Up into the Silence the Green (1980), y S/T (1980-1982), y otras dos realizadas varias décadas mas tarde: S/T (2002), y El sacrificio (2008), que concurren todas en que no responden a ningún modo de representación de la naturaleza, sino sólo, en palabras del propio artista a «la idea de paisaje».

En este capítulo hemos incluido un enérgico dibujo, excepcional en la obra de Teixidor, realizado a lápiz de grafito sobre papel, obra que invita tanto a la contemplación como a la deambulación, cual si el visitante hollase la idea del camino. Up into the Silence the Green presenta algo semejante al grafito. Rosa y naranja es un cuadro mucho más próximo a las tesis de la pintura-pintura y del movimiento Supports-surfaces. Este trío de piezas del artista resume la que fuera su posición ante estas propuestas, una polaridad de acercamiento y distancia voluntaria.

Considera Jordi Teixidor que sus pinturas a partir de los años noventa responden mejor a como él mismo se siente pintor. Las dos obras más recientes, S/T y El sacrificio, atestiguan las razones de ese convencimiento; compuestas por unidades coordinadas, ofrecen distintas variantes con el color negro como predominante y diferentes usos del amarillo, los tierras y el oro. Ambos conjuran con los otros cuadros negros de los pisos inferior y superior un despliegue de las posibilidades de un solo concepto plástico y sus numerosas derivas posibles.

Negro Guerrero

La sala del tercer piso sostiene un diálogo de tres obras de Jordi Teixidor con una pieza mayor de José Guerrero, Intervalos negros (1971), anterior a cualquiera de las pinturas expuestas del artista valenciano. Aquí comparecen dos cuadros realizados en 2004 y 2005 y una obra reciente, concluida en julio del año pasado. Desde los años noventa del siglo XX, Teixidor ha optado por dar preeminencia casi absoluta en su gama cromática al color negro, lo que nos permite establecer un diálogo fecundo con una pintura crucial de José Guerrero.

En los dos cuadros de 2004 y 2005 hay una dominancia del dibujo sobre la fragmentación o parcelación más habitual en las pinturas del artista; dos figuras que constituyen el cuadro y sobre las que no cabe verbalización simbólica o referencial, únicamente plástica y visiva. La obra más reciente, de 2019, compendia el modo de trabajo de Teixidor de los últimos años: por una parte, ha regresado a ciertos motivos volumétricos, que remiten a las primeras obras suyas que conocieron relevancia a finales de los años sesenta del siglo pasado; por otra, ha incorporado todo el conocimiento acumulado sobre la materialidad y fisicidad de la obra, haciendo de cada pieza un acontecimiento para la mirada, que va más allá de esa corporeidad y que asume una angustia semejante a la de sus compañeras de estancia, pero con una estática serenidad que elude cualquier tipo de estridencia.

Es importante distinguir, la diferencia entre el negro de Guerrero, que deriva fundamentalmente de la influencia de Matisse, de los distintos negros de Teixidor: «He procurado –dice– que mis negros sean serenos, alejados de cualquier sentimiento trágico. Que fueran serenamente tristes pero, sobre todo, que fueran y estuvieran vacíos, ampliamente vacíos. Es a partir de entonces cuando puedo empezar a liberarme de la pintura».

Mariano Navarro, comisario de la exposición

 


Exposición de la serie El Cuarto Lúcido
De Vonk (la chispa). Emilio Pemjean

18 de septiembre  – 29 de noviembre de 2020
CENTRO JOSÉ GUERRERO

 

El proyecto se desarrolla a partir de la reconstrucción interpretativa (utilizando maquetas, fotografías, vídeo y sonido) de arquitecturas hoy inexistentes. En la reconstrucción del vestíbulo y la escalera del centro De Vonk (Holanda) se hacen presentes las transformaciones debidas a los distintos usos que se han producido a lo largo del tiempo. Los objetos, los muebles o las personas, ahora ausentes, se aparecen como espectros a través de la memoria o de las huellas casi intangibles que el lugar o su representación conservan.

Emilio Pemjean compagina su trabajo como artista visual con su labor como arquitecto, docente e investigador. En su larga y reconocida trayectoria profesional concibe su trabajo desde un marco interdisciplinar en el que conecta la arquitectura, la pintura, la escultura, el vídeo o la fotografía para reflexionar sobre el tiempo, lo presente y lo ausente, la memoria, lo que ha sido destruido o transformado, los sistemas de representación y especialmente sobre la capacidad de conversión en símbolos de objetos y arquitecturas mediante su reconstrucción manipulada.

 


Exposición
Body as a brick. Mar Reykjavik

18 de septiembre  – 29 de noviembre de 2020
CENTRO JOSÉ GUERRERO
En colaboración con FACBA 2020

Body as a brick es un proyecto de acción y ensayo sobre el viraje de la tradición a la tendencia, que atiende a las lógicas de uso del cuerpo compartidas en ambos estadios: local y global, más concretamente a las acciones que encarnan los llamados ritos y retos. Con motivo de la exposición, el sábado 19 de septiembre de 2020, a las 19 horas, tendrá lugar en el Centro un taller  impartido por la artista, al que asistirán los alumnos que asistieron en febrero a la primera parte de este taller en la Facultad de Bellas Artes.

Mar Reykjavik. Graduada en Bellas Artes por la Universitat Politécnica de València, sus proyectos van ligados al campo de lo audiovisual y la instalación. Trabaja con la imagen y sus posibilidades como resultado de un proceso, normalmente en forma de lm o videoarte, y piensa la imagen o el objeto encontrado como punto de partida para el desarrollo de un nuevo proceso basado en la apropiación.

Solovki

SOLOVKI
de Juan Manuel Castro Prieto y Rafael Trapiello

21 de enero – 22 de marzo de 2020
CENTRO JOSÉ GUERRERO

Nota de prensa de la exposición «Solovki» inaugurada en el Centro José Guerrero el 21 de enero de 2020.

El Centro José Guerrero coproduce, en colaboración con el Ayuntamiento de Alcobendas y la Fundación Caja Mediterráneo, el proyecto expositivo Solovki, una muestra de Juan Manuel Castro Prieto y Rafael Trapiello, comisariada por Alicia Ventura.

Desde el 21 de enero hasta el 22 de marzo de 2020 podremos disfrutar de una cuidada selección de 50 fotografías originales de estos dos autores, acompañadas de 17 fotografías de archivo y un vídeo documental sobre el proyecto.

Esta es la tercera sede que acoge la exposición Solovki; una itinerancia que se inició en el Centro de Arte Alcobendas, dentro de la edición de 2019 de PHotoESPAÑA (del 22 de mayo al 24 de agosto de 2019) y pasó después por el Centro Fotográfico La Llotgeta (del 24 de septiembre de 2019 al 4 de enero de 2020) antes de llegar a nuestras salas.

Es una ocasión irrepetible para conocer de primera mano el trabajo de estos dos autores: Juan Manuel Castro Prieto, Premio Nacional de Fotografía 2015, y su discípulo y compañero Rafael Trapiello, miembro del colectivo NoPhoto, que, con gran dominio técnico, interés paisajístico, sensibilidad a la luz y a los espacios y unas miradas bien entrenadas, se fueron a Solovetsky y allí encontraron capas y capas de Historia entremezclada con leyenda,  mitos, atrocidades, olvidos por decreto, paisajes, rostros en los que adivinaron rastros de todo ello, y huellas de las que a su vez han dejado huella para traernos su Memoria.

La muestra se complementa con la edición de un catálogo que cuenta con un texto principal de Antonio Muñoz Molina, y la reproducción de todas las fotografías presentes en la exposición.

 

EL CUARTO LÚCIDO

LUZ DE OTOÑO

«Ingrávidos» de Gregorio Reche

21 de enero – 22 de marzo de 2020

CENTRO JOSÉ GUERRERO

Ingrávidos es una exposición del fotógrafo Gregorio Reche que continúa la serie El Cuarto Lúcido iniciada en el año 2018 en colaboración con  Pa-ta-ta Festival,  y que tiene como objetivo principal seguir contribuyendo a la difusión de fotógrafos en continua evolución.

La luz se filtra en haces a través del agua. Los cuerpos flotan ingrávidos. Son retratos peculiares: no vemos ningún rostro, como mucho alguna cabeza que bucea; en cambio, observamos troncos, plantas de los pies, muslos, cinturas estrechas, amplias caderas y pequeños pechos. Aún sin ver el rostro percibimos el deseo, el juego, la conversación, el cuidado de esos cuerpos en el agua. Todo transcurre bajo el mar.
Liberados del peso de la gravedad, los cuerpos aparecen lúdicos y libres. Liberados del paso del tiempo, de las obligaciones cotidianas, de los kilos extra, de la movilidad limitada. Son escenas casi oníricas, en las que el mar y la tierra se confunden. El exterior sólo nos llega a través de la luz que en ocasiones crea una especie de grietas en el fondo del mar.

“Podemos, por ejemplo, distinguir, aunque sea a grandes rasgos, la manera de andar de la gente, pero no percibimos en absoluto su postura en esa fracción de segundo en que alarga el paso”, escribió el filósofo Walter Benjamin en `Breve historia de la fotografía´. Si ni siquiera conocemos “la manera de andar” bajo el agua, Gregorio Reche ilumina con esta serie “la fracción de segundo en que alarga el paso”. Nos revela instantes del movimiento del cuerpo humano en ese mar de la infancia, líquido primigenio, al que volveremos hasta el último verano.

Elisa Reche (Directora de eldiario.es / Región de Murcia)

 

 

Guerrero / Vicente

Nota de prensa de la exposición «Guerrero / Vicente» inaugurada en el Centro José Guerrero el pasado 4 de octubre de 2019.

El Centro José Guerrero coproduce, en colaboración con el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, el proyecto expositivo Guerrero/Vicente, una muestra organizada por Acción Cultural Española en colaboración con el Museo de Bellas Artes de Asturias.

Desde el 4 de octubre hasta el 12 de enero de 2020 podremos disfrutar de una cuidada selección de obras de los dos únicos artistas de origen español que pasaron a formar parte del movimiento conocido como Expresionismo Abstracto Americano.

La exposición se compone por más de sesenta obras de distinto formato y en diferentes soportes cuya procedencia es variada, ya que se cuenta con numerosas piezas que provienen de colecciones particulares, así como con préstamos de algunas de las principales colecciones públicas españolas: Museo Nacional Reina Sofía, Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, Patrimonio Nacional, Museo Patio Herreriano o Colección Banco de España.

Es una ocasión irrepetible para conocer de primera mano a la vez a estos dos grandes pintores que siempre han sido tratados por separado, a pesar de las coincidencias que pueden encontrarse a lo largo de sus trayectorias respectivas. Paralelismos que no sólo se refieren a sus carreras sino que se extrapolan a las circunstancias personales: los dos vivieron sus etapas iniciales en Madrid y París, se casaron con mujeres de nacionalidad estadounidense y se establecieron definitivamente en Nueva York.

La muestra se complementa con la edición de un catálogo que cuenta con un texto principal de Inés Vallejo, primera estudiosa de las dos figuras simultáneamente, en el que lleva a cabo una aproximación de las distintas etapas creativas que se suceden en la vida de ambos, así como aportaciones de Juan manuel Bonet, José María Parreño y Guillermo Solana.

La selección de obras se ha estructurado poniendo el foco en tres etapas bien diferenciadas.

La primera se retrotrae a los inicios figurativos de ambos artistas, con una selección de sus paisajes.

La segunda, en torno a los años 50, estudia la importancia que tuvo la experimentación sobre papel para adquirir los nuevos códigos abstractos, y se complementa con un conjunto de óleos sobre lienzo de esa década.

La tercera etapa refleja cómo los dos artistas alcanzan la madurez en la producción de los años 70, dejado atrás el expresionismo abstracto para dar paso a obras que desarrollan los campos de color.

Además de sus obras, se presentan tres piezas de dos grandes maestros para los protagonistas: Joan Miró y Juan Gris.

 

 

EL CUARTO LÚCIDO

LUZ DE VERANO

 

UN RUMOR SALVAJE de Pablo Trenor Allen

4 de octubre de 2019 – 12 de enero de 2020

CENTRO JOSÉ GUERRERO

 

Un rumor salvaje, 2019. Pablo Trenor Allen

 

Un rumor salvaje es una exposición que continúa la serie El Cuarto Lúcido iniciada en el año 2018 en colaboración con  Pa-ta-ta Festival,  y que tiene como objetivo principal seguir contribuyendo a la difusión de fotógrafos en continua evolución.

El Cuarto Lúcido se ubica en un espacio vacante de la tercera planta del Centro José Guerrero y en esta ocasión, Pablo Trenor Allen, nos muestra un trabajo paisajístico que parte de la experiencia de la escucha y la mirada en un barranco que se convierte en la rambla que pasa bajo el pueblo de Haza del Trigo, en la provincia de Granada. La transformación intrínseca al lugar por sus cualidades geológicas y por el curso del agua tras las lluvias, posibilita un particular modo de aprender los signos naturales en el periodo en que cae la luz mientras llega la noche y todo se inunda en verano de una sombra lenta y fríos tonos. La visión tiende al deshacimiento, y se hace la mirada como una especie de forma de supervivencia de los sentidos. Así, con la fotografía, se recorren las lindes de un supuesto lenguaje que se encuentra entre lo visible y lo no visible, entre el color y la sombra, los sonidos y el silencio.

Un rumor salvaje forma parte del proceso de trabajo de Haza del Trigo, un proyecto documental de Pablo Trenor Allen sobre la atención, la mirada y la fotografía de un lugar que, más allá de su significado geográfico, se hace desde la exploración de la memoria que toma el paisaje, la familia y la metáfora como nudos en una posible narración sobre la pertenencia al mismo.

Un rumor salvaje (Colectivo La Muta), forma parte de El Cuarto Lúcido, un ciclo organizado junto a Pa-ta-ta Festival.

Enlace a Haza del Trigo:

https://garuna.es/haza-del-trigo

Enlace a Un rumor salvaje: https://garuna.es/un-rumor-salvaje

Ruido blanco. La Colección del Centro vista por los artistas: Joaquín Peña-Toro

Acúfeno I, 2015. Acuarela y acrílico sobre lienzo + objeto 190 x 190 cm. Colección Caja Rural de Jaén. Foto Carlos C. Vilar

 

18 de julio – 22 de septiembre de 2019

CENTRO JOSÉ GUERRERO

Organiza
Centro José Guerrero
Diputación de Granada

Comisario
Joaquín Peña-Toro

Horario
De martes a sábado y festivos: de 10:30 a 14:00 h y de 16:30 a 21:00 h
Domingos: de 10:30 a 14:00 h
Lunes no festivos: cerrado
Visitas comentadas: martes a las 19:00 h

Calle Oficios, 8
18001 Granada
T +34 958 220119
www.centroguerrero.org

 

Las salas del Centro José Guerrero acogerán durante los meses de verano la quinta muestra de la serie La Colección del Centro vista por los artistas. En esta ocasión, el pintor Joaquín Peña-Toro (Granada, 1974) ha seleccionado un conjunto de piezas de Guerrero para establecer un diálogo de los procesos creativos del maestro con los de su propia obra, lo que en ambos casos está representado con diferentes técnicas y soportes. De José Guerrero se exhiben ocho lienzos, cuatro obras sobre papel y una serie de veinte collages; en cuanto a Joaquín Peña-Toro, presenta seis obras sobre lienzo, otras tantas sobre papel, cinco pinturas sobre tabla y tres serigrafías.

Ruido blanco

La obra en papel que conocemos de José Guerrero se intensifica a finales de los años setenta en un formato íntimo que emplea, con gran libertad, diversos materiales de modo simultáneo. Coincide con el desarrollo de la etapa que Juan Antonio Ramírez denominó neoabstracta o de pintura-pintura, iniciada hacia 1975. En concreto, la serie de bocetos sobre papel cuadriculado fechada en 1977-1978 contiene una gran variedad de soluciones formales que, como una batería de posibilidades, desarrolla el lenguaje presente durante toda esta época. El trabajo con diferentes tipos de papel, ya sea charol opaco en unos casos o seda translúcido en otros, materializa las masas de color que luego serán producidas por brochazos.

 


José Guerrero. Sin título, c. 1990. Óleo y gouache sobre papel, 76 x 56,5 cm . Colección Centro José Guerrero

 

La configuración formal generada por Guerrero en estos bocetos con papel queda supeditada a los bordes producidos por el rasgado: amplios en su dibujo, imperfectos en su definición y disidentes de la rectitud. Gestos que se delimitan con la geometría perpendicular de un marco dibujado por lápices de color, con varios efectos: la imposición de límites monumentaliza la figura de las manchas (otorgando una escala a estos recortes); subraya, por contraste, la irregularidad de sus límites y, por último,  potencia el significado de los intersticios entre la presencia del color y las (futuras) aristas del soporte. Ramírez lo describe así: «Enseguida se evidenció que la gran preocupación de Guerrero en esta etapa era tensar (y distender) la relación entre las zonas de color, vagamente geométricas, y los bordes».

Las piezas presentadas en esta exposición por Joaquín Peña-Toro dialogan con estos procesos creativos de José Guerrero. Subrayan que el uso del papel para abocetar las manchas (que Guerrero transformaría en pintura) condiciona la composición final establecida en los cuadros. El propio artista afirma:

«Estoy especialmente interesado en los cuadros de pintura-pintura de José Guerrero. La mezcla de rigor compositivo con su libertad para mantener los gestos marcados en el lienzo, sin repaso, que mantienen la energía y tensión del momento de pintar. Casi podemos escuchar las cerdas de la brocha en un recorrido recio sobre el grano de la tela. He querido dialogar con estos procesos de Guerrero y contrastar los planteamientos abstractos con la presencia de imágenes figurativas que, en mi caso, se alojan en pliegues producidos por los gestos de pura pintura.

 

 
Joaquín Peña-Toro. Cuenca, 2001. Collage y acrílico sobre tabla, 120 x 170 cm

En la figuración que practico me demando exactitud pero soy consciente de que esa rigidez debe ser contrarrestada con las huellas propias de la pintura. La geometría compone mi trabajo pero me zafo de sus imposiciones congelando su forma: cubro los bordes de la zona que pintaré (la tarea de ese momento, como si fuera un fresco) de modo que, en lenguaje médico, preparo un campo quirúrgico. De este modo, trabajo gestual y despreocupado con el vocabulario que más identifico con lo pictórico. Una vez completada la tarea, descubro los bordes y la forma queda intacta… pero conteniendo un infinito murmullo. Se escucha, al fondo de la figuración, el ruido de la pintura».

 

 

JOSE GUERRERO PELEGRINAJE (1966 – 1969)

Exposición

José Guerrero. Pelegrinaje (1966-1969)

3 de abril – 26 de mayo de 2019

 

Coproducen

Centro José Guerrero

Fundación Juan March

 

Comisariado

Francisco Baena

Inés Vallejo

 

Inauguración

Miércoles 3 de abril de 2019 a las 20 h

 

Horario

De martes a sábado y festivos:

de 10:30 a 14:00 h y de 16:30 a 21:00 h

Domingos: de 10:30 a 14:00 h

Lunes no festivos: cerrado

Visitas comentadas: martes a las 19:00 h

Calle Oficios, 8

18001 Granada

T +34 958 220119

www.centroguerrero.org

 

Se inaugura una muestra monográfica de José Guerrero forma parte de la serie de exposiciones organizadas por el Centro que acotan un periodo determinado de la carrera del pintor, en cada una de las cuales se profundiza en el significado de una etapa y en su función dentro de la trayectoria artística de Guerrero. También está ligada a los proyectos que la Fundación Juan March pone en marcha para estudiar a los artistas que forman parte de su colección: el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca y el Museu Fundación Juan March de Palma, que recibirán la exposición en junio y en octubre, respectivamente.

VIÑETAS DESBORDADAS

Exposición Viñetas desbordadas.

Sergio García  Max  Ana Merino.

22 de enero – 24 de marzo de 2019.

Produce

Centro José Guerrero.

Diputación de Granada.

Comisario

Francisco Baena.

En esta muestra proponemos abordar una nueva relación entre el cómic y el museo, investigar las posibilidades de un nuevo formato: el cómic de exposición. Viñetas desbordadas es una fórmula que cifra, metafóricamente, el nuevo espacio gráfico que queremos explorar. Desbordamos la página, las dos dimensiones; sustituimos la puesta en página por la puesta en sala, exploramos el espacio tridimensional para producir una verdadera expansión del campo gráfico, donde el lector pueda sumergirse físicamente, habitarlo, recorrerlo. Más allá del objeto libro, propiciamos que la ficción se desarrolle en el espacio arquitectónico, como actualización de un sistema de representación que se remonta a los murales prehistóricos y salta hasta las instalaciones posthistóricas.

Los autores invitados son dos prestigiosos profesionales del cómic: Max (Barcelona, 1956) y Sergio García (Guadix, 1967), cuyas respectivas indagaciones en el espacio gráfico han ido evolucionando, tanto dentro de los límites de la página como desbordándolos, a lo largo de décadas de práctica. A ellos se ha sumado la voz, a la vez poética y académica, de la escritora Ana Merino (Madrid, 1971).

 

 

CARLOS LEÓN.PASAJES

Exposición

Carlos León. Pasajes

5 de octubre – 30 de diciembre de 2018.

Produce

Centro José Guerrero

Diputación de Granada.

Comisario

Francisco Baena.

Carlos León forma parte de la generación de artistas que, desde los años setenta del pasado siglo, se interesó por los nuevos caminos de la abstracción pictórica y fue alcanzada por el efecto Guerrero. Así quedó patente con su participación en la muestra comisariada por Mariano Navarro en el Centro José Guerrero en 2006.

Su obra ha tenido en el expresionismo abstracto un referente fundamental, ampliado con las revisiones y herencias que de él se han venido produciendo. Su ambición e intensidad le hicieron revivificar algunos elementos originarios (la gestualidad automatista que llega a Twombly, la implicación en el cuadro de todo el cuerpo a la manera de los action painters, la amplitud de los planos de Rothko o Newman) con un ímpetu y una apertura que lo han conducido a regiones inexploradas. Tras un largo y profundo camino de formación, Carlos León ha logrado una madurez en la que lleva más de una década instalado, produciendo una obra de plenitud. Esta exposición es una buena muestra de ella, así como un homenaje que el pintor quiere tributar a su amigo y maestro José Guerrero.