RICHARD AVEDON. IN THE AMENRICAN WEST 1979-1984

Richard Avedon (Nueva York, 1923) es uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX, un incansable e implacable cronista de nuestro tiempo que, además, elevó la fotografía de moda a la categoría de arte. Su serie de retratos In the American West fue un proyecto encargado por el Museo Amon Carter de Fort Worth, Texas, en el que trabajó desde 1979 hasta 1984. Desde el principio Avedon eligió hombres y mujeres que hacían trabajos duros, poco reconocidos. Siguiendo la tradición de los pintores retratistas itinerantes del periodo colonial, exploró pueblos y ferias rurales, rodeos y eras, explotaciones mineras y yacimientos petrolíferos. Trabajó en los estados de las Grandes Llanuras y las Montañas Rocosas, llegando hasta Sierra Nevada por el oeste, hasta Calgary, Canadá, por el norte y hasta la frontera mejicana por el sur. En la mayoría de los sujetos fotografiados apenas hay un signo de expresividad facial o de los gestos extravagantes que Avedon consigue de los actores o escritores que se sientan ante él. Y sin embargo estos retratos de mineros, vagabundos, trabajadores de pozos petrolíferos, granjeros, camareras, resultan expresivos. El penoso trabajo físico, la dureza de sus vidas han grabado los rasgos de su rostros, que se convierten en paisajes. Avedon los crea; al darnos un nombre, una ocupación, un lugar y una fecha, nos dice: existen de verdad; he conocido a cada uno de ellos y los he convencido para que se pusieran delante de mi cámara.

JOSÉ GUERRERO. LA COLECCIÓN DEL CENTRO

Al año de su inauguración, y después de haber dado a conocer, en sus primeros meses, la mayor parte de su Colección, el Centro José Guerrero presenta, dentro de una cuidada selección, los cuadros aún no vistos del pintor, fundamentalmente referidos a su primera etapa creativa. Se recogen así tanto algunas de sus últimas obras figurativas -en las que a los modelos de Paul Klee y Pablo Picasso se sumó el del recién descubierto Henry Matisse, cuyo magisterio a partir de entonces sería constante (junto al Autorretrato, La aparición y la Panorámica de Roma, en la que las vibraciones cromáticas casi ahogan ya por completo a las figuras)- una de las tentativas semi-abstractas de finales de los años cuarenta (Dos hilanderas) y las primeras pinturas propiamente abstractas, tras su aprendizaje del nuevo lenguaje y sus experimentaciones gráficas de mano de Stanley William Hayter, y con las miras puestas, entre otros, en Joan Miró, Arshile Gorky y los inicios del expresionismo abstracto, marcadamente “sígnicos”. Se completa de este modo la exposición de la Colección del Centro, no presentada por entero desde el principio porque la obra de Guerrero, de fuerte presencia física, necesita respirar, como decía el propio artista, y no estar agobiada.

JOSÉ GUERRERO. LA COLECCIÓN DEL CENTRO

El día 13 de junio tuvo lugar la inauguración oficial del Centro José Guerrero y se abrió al público a partir del día 14. Culminó así un proceso iniciado en 1988, cuando la Comisión de Artes Plásticas de la Diputación de Granada se puso en contacto con el pintor para que una parte de su colección personal pudiese ser mostrada de forma permanente en Granada. El Centro se estrena con una exposición de las obras de José Guerrero pertenecientes a su Colección.

 

Bajo el título La Brecha, la planta baja se hace eco del diálogo entre las culturas española y americana que vivió Guerrero, a quien siempre fascinó la idea de abrir una ventana, un camino, una brecha. Se muestran obras de los primeros años sesenta, en los que el artista demuestra su adopción plena del lenguaje expresionista americano. Por otra parte se expone La brecha de Víznar, obra emblemática en su trayectoria.

En la planta primera se reúne, bajo el título Hacia la forma, el proceso que Guerrero experimenta hacia territorios más constructivos. Algunas de estas obras reflejan claramente las emociones que le produjo la vuelta a España. Junto a este denso conjunto se muestran algunos ejemplos de la que en su momento fue su producción más conocida en España. las Fosforescencias o las Cerillas.

Las cabezas de las cerillas que inspiraron la serie se independizaron para convertirse en arcos, alcazabas, señales… y estas obras ya de mediados de los setenta son las que nos encontramos en la planta segunda bajo el título de Por el color.

La tercera y última planta del centro acoge, bajo el título Final, la obra de los años ochenta. Hacia mediados de esta década Guerrero afronta enormes formatos de clara e íntima inspiración paisajística. A estos le sguirán otras obras más despojadas, tal vez menos construidas, con títulos sencillos que nombran el tema del cuadro, un tema que seguiría mostrando lo que fue su máxima preocupación artística: el color.